PROFESOR S****.
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El maestro chamán africano, gran médium espiritual mágico, con poderes naturales. 20 años de experiencia en todos los campos de la alta magia africana. Ayuda a resolver todo tipo de problemas y dificultades por difíciles que sean. Enfermedades crónicas de droga y tabaco. Cualquier problema matrimonial, recuperar la pareja y atraer a las personas queridas. Impotencia sexual, amor, negocios judiciales, suerte. Quitar hechizos, depresión y protecciones. Vida familiar. Mantener puesto de trabajo, atraer clientes.
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Entras o sales del metro a toda prisa, siguiendo el ritmo de stress y cronómetro socialmente impuesto (o personalmente impuesto porque te has levantado 20 minutos tarde) y te encuentras un señor que reparte publicidad. Llegado a este punto, puedes hacer dos cosas: tirar lo que te han dado a la papelera más cercana si es que las campañas del ayuntamiento te han calado hondo (si no, lo tiras al suelo, porque “así creas puestos de trabajo”) o leértelo por pura curiosidad. En mi caso, como la curiosidad es algo que tengo demasiado desarrollado, más por desgracia que por suerte, me lo leo.
Recuerdo que la primera vez que leí un anuncio de éstos me quedé muy sorprendida y creo que lo releí varias veces. En cambio, ahora, cuando me dan uno igual o muy parecido ya no me sorprendo, máximo me lo leo para ver si ofrecen un nuevo servicio (como la cura del cáncer o la solución a la calvicie masculina).
Supongo que este escepticismo me viene porque la educación que he recibido siempre me ha presentado la enfermedad como algo científico totalmente, no como algo divino, demoníaco o de mal de ojo… y con la llegada de inmigración de países donde aún se conserva parte de esta concepción (ya anticuada para nosotros, los occidentales, ya que en la época clásica ya hay filósofos que se la plantean, por ejemplo) tan diferente nos puede llegar a chocar, aunque sea porque es algo nuevo para nosotros, como en el caso del anuncio de arriba del chamán africano, hará máximo uno o dos años.
Un día, hablando con un amigo, me explicó que un programa de cámara oculta hizo que un reportero llamara a un sitio de éstos y pidiera atención. Se ve que fue allí y le dijo al hechicero que tenía un problema en los ovarios (un hombre, sí, no me he confundido; lo hicieron para ver si tenía conocimientos de anatomía y fisiología) y el hechicero en cuestión le dijo que eso se solucionaba con el sacrificio de un cocodrilo mediante un ritual determinado (con el previo pago del precio del sacrificio, claro). Mi amigo y yo nos reímos ante tal situación y quizá de manera deleznable menospreciamos a todo el conjunto de hechiceros que reparten tarjetitas y pretenden curar un problema de ovario a un hombre con el sacrificio de un cocodrilo, así como toda la gente que confía en estos métodos, tildándolos un poco de subdesarrollados en los campos médicos y patológicos. Pero no pensamos en que, dentro de nuestra sociedad, también hay curanderos que basándose en creencias cristianas, también hablan de poderes de curación, ya sea rezándole a la virgen, haciendo algo con agua bendita; personas que leen las manos o los astros, entre mil posibilidades más (soy bastante profana en el tema). Entonces, eso me planteó que tampoco es que nosotros estemos tan avanzados y tengamos tan clara esta concepción tan pragmática de la enfermedad.
Supongo que cada cultura tiene su manera de solucionar esos problemas que pueden hacer que nuestra vida sea más o menos desagradable y más si es en el campo de la enfermedad, donde el sufrimiento intelectual y físico suelen estar bastante presentes. Creo que mi escepticismo es algo aprendido y que a veces cierra muchas puertas, o como mínimo hace que puedas llegar a tener menos puntos de vista…
Supongo que la clave es ser conscientes de que hay un sinfín de concepciones muy diferentes a la nuestra y que debemos tener la mente abierta para comprender todo lo que nos rodea, nos lo creamos o no. En este caso, yo no voy a confiar en que la respuesta a mis problemas sea todo cuestión de llamar a ese número, aunque no por eso tendré que menospreciar a alguien que confíe en ello, cosa que he hecho a veces.
Como todo, la base es el respeto mutuo.
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