En Resumen <25

1 de July, 2007

Tú me creaste, tú me enseñaste, pero yo decido que hacer. Cada cual tiene que sacar sus propias conclusiones y actuar en consecuencia, si es que esa es su voluntad.

En mi caso mi preferencia es vivir la vida y, simultáneamente, comprenderla. Me gustaría actuar en consecuencia a mis conclusiones pero a uno no siempre le resulta fácil reunir el valor necesario.

Al comienzo sólo éramos meras probabilidades y en un instante todo se decidió, nuestras vidas se pusieron en camino en un abrir y cerrar de ojos. Y aquí estamos.

Creo que el ser humano ha evolucionado para poder resolver problemas, nuestra memoria y nuestra mente se han confeccionado durante millones de años para poder sobrevivir entre seres más fuertes y más rápidos que nosotros. Pero no nos hemos limitado a utilizar estas ventajas para sobrevivir sino que hemos aplicado nuestra memoria y nuestra capacidad de resolución de problemas con fines que han perdido gran parte de su esencia primaria.

Visto de este modo todo resulta ser más sencillo, debemos sobrevivir y perpetuar nuestra especie, esto es lo que nos pide la naturaleza. En cualquier caso si nosotros no cumpliéramos nuestra misión natural, o la naturaleza decidiera que debemos desaparecer tampoco pasaría nada. El universo seguiría como siempre, con sus gigantescos quehaceres, ignorando la desaparición de unos seres que se caracterizaron por creerse primos hermanos de los dioses todopoderosos.

La vida que nos ha tocado vivir, sin embargo, se caracteriza por haber alterado de manera importante las leyes naturales y centrar la atención humana en el progreso, tengas la esperanza o no de que ello pueda llegar a algún buen puerto ya no te queda alternativa, no puedes irte a vivir a la selva porque no estás preparado para sobrevivir allí, debes comprender las normas que rigen nuestras sociedades y hacer tu vida libremente dentro de ellas. Quizás algún día un cambio aflore en todo el mundo, desgraciadamente la historia nos dice que lo más probable es que eso sólo ocurra después de una gran crisis.

Mi instinto me avisa con frecuencia, enviando mensajes como: “No tengo datos para esto, quizás no sea buena idea”. La preocupación me embarga cuando no hago nada en especial, siento la necesidad de convertirme en alguien superior, llegar a ser respetado y conocido por todos, siento la necesidad de olvidar lo que soy para vivir en un sueño. Por suerte hay algo que los superpoderosos terrícolas no podemos hacer: evitar el fin de nuestros días. La muerte tarde o temprano llega y, curiosamente, saberlo nos ayuda a sobrellevar nuestras pretensiones. Consuela saber que de aquí 200 años todos estaremos muertos.

El otro día una araña paseaba tranquilamente por encima de mi escritorio. Cambió su suerte y acabé con ella en cuestión de un segundo. Un ser como yo, con habilidades distintas de las mías, no se podría decir que fuera inferior a mí. Quizás no debería haber acabado con su vida sin motivo, o quizás debería comprender que mi vida también pende de un hilo, quizás no tiene tanto valor como el que tanto nos reconforta darle.

Todos queremos más y más y no sabemos lo que queremos ni lo que somos. Perseguimos fantasmas dentro de un sueño, sea una pesadilla o una apetecible ilusión los sueños siempre acaban.

Estas son mis conclusiones en mi primer cuarto de siglo en la tierra, ha sido realmente sorprendente, toda una experiencia.

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