Cuentista

19 de November, 2006

Me gustan los cuentos. Siempre me han gustado.
Por un momento puedo ser un pintor de China, una madre soltera, una cucaracha enorme, una princesa de un lejano reino, una bruja muy mala, un sabio, un agricultor de la Edad Medieval, un ogro muy feo, una gran viajera, un ejecutivo agresivo, una actriz de reputación, un aventurero, una persona normal y corriente…
Y todo, quizá, en un sólo viaje de metro… o en una ida y una vuelta, el mismo día… y, con suerte, hasta incluyendo un pequeño instante de reflexión sobre lo que ese cuento quería decirte… o lo que tú querías que te dijera…
Supongo que es una manera más de mantenerme en mi dimensión desconocida, de poder ser, por un día, unas horas, unos instantes, alguien que no soy… alguien con una vida quizá mejor, más llena, menos contradictoria, más interesante, menos insípida…
Con un final más o menos feliz… y si ese final no está escrito, me gusta inventármelo; lo veo claro en el momento…
Ojalá fuera todo igual que en un cuento… ojalá pudiera crear un final feliz para todos… ojalá pudiera vivir tantas veces como para escoger todas las opciones, todas las sendas… ojalá viajara por todos los mares, ríos y selvas… ojalá pintara cuadros en los que la gente renaciera o tocara música verdadera… ojalá tantas cosas…
Pero, al final, supongo que va a ser que no…

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